martes, 30 de marzo de 2010

MANIFIESTO DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO - 2010


El Día Mundial del Teatro es una oportunidad para celebrar el Teatro en una miríada de formas. El Teatro es una fuente de entretenimiento e inspiración, y tiene la habilidad de unificar las diversas culturas y a las gentes de todo el mundo. Pero el teatro es mucho más que eso y también brinda oportunidades para educar e informar.

El teatro se representa en todo el mundo y no siempre en los escenarios tradicionales. Las representaciones pueden suceder en un pequeño pueblo de África, en una montaña de Armenia o en una pequeña isla del Pacífico. Todo lo que necesita es un lugar y un público. El Teatro tiene la habilidad de hacernos sonreír, de hacernos llorar, pero también debería hacernos pensar y reflexionar.

El Teatro surge a partir del trabajo en grupo. Los actores son las personas que se ven, pero hay un gran número de personas a las que no se ve. Son tan importantes como los actores y sus variadas y especializadas habilidades hacen que una producción sea posible. También deberían compartir los triunfos y los éxitos que puedan ocurrir.

El 27 de marzo es oficialmente el Día Mundial del Teatro. Por muchos motivos todos los días deberían ser considerados días del teatro, porque tenemos la responsabilidad de continuar la tradaición de entretener, de educar y de iluminar a nuestros públicos, sin los cuales no existiríamos.


DAMA JUDI DENCH

Es sólo una bienvenida

De momento, sólo abro esta página para retomar mis reflexiones ya que tanto insistís.
Un saludo y amenazo con volver.

miércoles, 21 de enero de 2009

REFLEXIONES EN CAÍDA LIBRE





Día tras día, mes a mes, año tras año, me dediqué a cuidar con tesón cada uno de los árboles que, al iniciar cada otoño, germinaban entre las lindes didácticas de mi huerto.

Los observaba, detenidamete, buscando lo "único" en cada uno de ellos cual inocente principito en su diminuto asteroide. Aprendí a diferenciar cualquier rasgo que les distinguiese entre sí, cada rama, cada hoja, cada estoma, cada... rasgo de individualidad, de personalidad, de esencia propia. Protegí sus "únicos" crecimientos durante el árduo y procedimental invierno. Atendí la llegada de la metodológica primavera viendo cómo brotaban cada una de las centenas florales. Y, por fin, temporada tras temporada, recibía en los brazos abiertos los jugosos frutos que colgaban de sus fortalecidas ramas en vísperas del evaluativo verano.

Así, en cíclico devenir, me mantuve firme, creyendo, lejos de la contagiosa monotonía, en la fertilidad de mi trabajo.

Así, día tras día, mes a mes, año tras año, vertí el agua de mi sabiduría en precisa aspersión.

Así, día tras día, mes a mes, año tras año, aboné con química motivación cada una de las "únicas" parcelas.

Pero también, día a día, mes tras mes, año a año, sentí sobre mí los estragos del cambio climático, los agujeros de la incompetencia que, camuflada bajo apariencia de nubes semejantes a indefensos corderitos celestes, hacía estragos en el devenir estacional. La lucha se hacía insoportable, se convertía en titánica tarea, cada anual vendimia, recibir en los brazos abiertos los jugosos frutos.

Durante la necesaria etapa de barbecho, miraba al cielo desafiando a cada celeste corderito, retándolo con mi campesino esfuerzo. Y, con heróico empeño, iniciaba cada ciclo..., otoño, invierno, primavera..., otoño, invierno, primavera..., otoño, invierno, primavera...., cansancio, agotamiento, golpes, herramientas oxidadas, terrenos yermos, sequía, calentamiento global..., caos..., huída.

Hoy, siguiendo los surcos trazados en el aire por mi fiel Juan Salvador, planeo el cielo cual libre gaviota y retengo en mis pupilas las siluetas de los corderitos celestes, cúmulos ensortijados, disfraces de lobos, para mantenerme alerta de sus alargadas sombras que tanto daño hicieron en mi huerto.

domingo, 18 de enero de 2009

EL OLVIDO


En cada uno de los muros que salpican el camino de tu vida están escritos los nombres de los que te han querido. Es bueno desandar ese sendero de vez en cuando para comprobar cuáles de ellos están desgastados por la brisa del tiempo y cuáles han sido borrados sin dejar rastro. No te preocupes por ellos, si el tiempo los borró sus motivos habría. Tampoco repases los desgastados, sólo contémplalos con detenimiento. En el camino de tu vida, cada uno tiene la pervivencia que le otorgaste al día que lo escribiste.

lunes, 8 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD


Acomodado a mil kilómetros de tanta gente que me ha hecho sentir el calor de la amistad, el ánimo para seguir adelante en tantos y tantos malos momentos, la esperanza de un mañana mejor y el perdón en situaciones críticas; miro por la ventana y veo el constante color plomizo de este cielo asturiano y sueño con el sol sureño que siempre me ha rodeado.

Es esta incierta vida la que te pone delante de situaciones que te invitan a la reflexión. Nunca han sido estas fechas las que más me han gustado para dedicarme a revolver mi mente, pero tampoco había tenido nunca la Navidad el sentido que tiene este año para mí, tampoco había descubierto en mínimas situaciones los grandes sentimientos que ahora descubro, tampoco había sentido tan cercanos los corazones queridos en tan lejana distancia, tampoco había lanzado la vista al horizonte y había visto jamás con tanta claridad vuestros felices rostros. En definitiva, jamás os había sentido tan cerca como ahora os siento.

Las paradojas de la vida permiten sentir el calor en la distancia y descubrir lo gélida que puede ser la cercanía.

En este año que ahora acaba, hago reflexión sobre lo vivido en la última década y descubro cuán relativa es la vida y cuán necesario es salir de la monotonía para darle valor a unas personas y desear el olvido de otras.

De esta encrucijada entre el recuerdo y el olvido parte esta felicitación navideña, honesta, llena de ilusión, repleta de deseos de vida, plena de cálidos sentimientos.

A ti, pieza insustituible de mi vida, te invito a que te sientas protagonista indiscutible de este envío. A ti, a quien he invitado a leerla, es a quien va dirigida en primera persona.

"Descubre la Navidad en cada uno de los días de este año que pronto comenzará:

En enero, perfuma tu vida con incienso.

Saca brillo a las bolas del árbol navideño en febrero.

Revisa, en marzo, las fotos que plasmaste mientras sonaron las campanadas.

Brinda con copas llenas de amor y decoradas de espumillón en abril.

En mayo, revisa tus doce deseos.

Cumple en junio, aquellos que aún no has comenzado.

Vuelve a limpiar el polvo de las figuritas del Portal en julio.

Recupera, en agosto, a todos los que te propusiste recordar en el Nuevo Año.

En septiembre, compra aquello que los Magos no te trajeron.

Come, en octubre, el turrón que dejaste olvidado en la despensa.

Escribe la, siempre cargada de ilusión, carta a Noël en noviembre.

Mira por la ventana, respira hondo, es diciembre, piensa en mí, sigue siendo Navidad y sigo estando junto a ti."

Dos mil nueve deseos de máxima felicidad para ti.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

UN RAYO DE ESPERANZA


Cuando la vida juega sus cartas y comienza a ganarte la partida, sientes que no queda nada que hacer, te acomodas para ver cómo se desarrolla el juego y dejas que el segundero marque su monótono ritmo.

Una vuelta.

360 grados.

Dos vueltas.

720 grados.

Tres vueltas.

1080 grados.

Infinita progresión de vueltas y grados.

Pero por suerte la vida, como el teatro, es esencia viva. Esencia que no se deja amilanar, que no se deja silenciar.

Por ello un día, el más afortunado de todos los días, descubres que no era la vida la que estaba jugando con aquellas manidas cartas. Eran unos hipócritas manipuladores de marionetas los que pretendían manejar cada una de tus intenciones, cada uno de los proyectos en los que siempre habías creído. Y ese día, te das cuenta que la pequeña distancia que te separa del fondo de la ciénaga donde esos malditos de apariencia monacal pretendían zambullirte puede salvarse con la mayor facilidad.

Miras hacia arriba y ves ese oculto rayo de esperanza que siempre estuvo ahí. Lo contemplas con sosiego, una sonrisa se dibuja en tus ojos y recuerdas que la vida no es azar. Vuelves a creer en ti, relajas tu cuerpo y dejas que ascienda hacia la superficie del magnífico lago. Cuando la cabeza asoma sobre el nivel del agua dejas de sentir el ahogo que durante tanto tiempo había vivido en tu pecho. Miras hacia abajo y, al fondo, ves cómo se desintegran las máscaras monacales para dejar al descubierto sus verdaderos rostros hipócritas.

Estás arriba, la distancia te ayuda a recoger las cartas que flotan en la superficie para que puedas disponerte a comenzar tu propia partida, la partida de tu vida, la partida que querrás jugar con todos los que aprendan a ver que no es la vida quien juega, el juego es nuestro.

Comencemos a jugar bajo el oculto rayo de esperanza que empieza a abrir su camino entre las esponjosas nubes.

lunes, 20 de octubre de 2008

El pajarillo.




El pajarillo, tras los barrotes de su jaula, contemplaba el mundo.


Veía pasar la vida trino a trino.


Respiraba profundamente y se acercaba para sentir el gélido tacto del hierro en sus plumas, le resultada desagradable pero sabía que era la única forma de observar atentamente el suelo que se escondía bajo su cárcel. Permanecía atento, mirando el discurrir de los seres libres que por él deambulaban. Envidiaba su libertad.


Cuando las lágrimas emborronaban su mirada, se hacía consciente de su verdad. Sabía que su vida oscilaba como el balanceo de su columpio. Delante, detrás, delante, detrás, delante, detrás..., pero al final del viaje, siempre el mismo centro.


Un amanecer, escondida su cabeza entre el mullido plumaje, sintió una sensación de extraña alarma. Temiendo desemascarse del plumoso antifaz que le protegía, dejó escapar uno de sus ojos para, como sagaz vigilante, descifrar su inquietud. Ante la sorprendente visión que vislumbraba, su corazón inició un trepidante galope que hizo temblar cada prenda de su plumaje. La puerta de su cárcel estaba abierta, limpió un ojo con su ala derecha, después el otro con la izquierda para salir de tan ilógico ensueño, pero sí, aquel hueco de libertad entre los barrotes era la real puerta que le llevaría a conseguir el deambular tanto tiempo envidiado.


Tensó los músculos de su tren de vuelo, adelantó su cabeza como afilada punta de flecha dispuesta a abrir la herida de su presidio y tomó impulso con sus débiles patas. Desplegó su cuerpo en el aire y cruzó la infranqueable barrera.


En el justo momento en que cruzó el umbral buscó un punto de aterrizaje, posó su liviano peso en él y contempló fijamente el aspecto exterior de su prisión.


Contento por sentirse libre, se dejó volar por la mansión durante eternas horas, olvidando el cansancio, dejando atrás el encierro, volando libre, volando, volando, volando.


La energía empleado en el vuelo comenzó a transformarse en incertidumbre. ¿Volar, volar, volar? Pero, ¿hacia dónde?


Posó su cuerpo frente al frío cristal de una de las muchas ventanas que horadaban cada pared y sintió caer sobre sí la más triste de las realidades. Su libre espacio, tantas veces añorado, amplio, espacioso, extenso, era una amplia, espaciosa y extensa prisión.


Respiró profundamente y se acercó para sentir el gélido tacto del vidrio en sus plumas, le resultó desagradable pero supo que era la única forma de observar atentamente el cielo que se escondía sobre su cárcel. Permaneció atento, mirando el discurrir de las aves libres que por él planeban. Envidió su libertad.


Las lágrimas volvieron a emborronar su mirada como tantas veces y, como tantas veces, se hizo consciente de su verdad.


Observó el cielo, analizó el vuelo de las libres aves. Veloz ascenso, vertiginoso picado, lento planeo. Veloz ascenso, vertiginoso picado, lento planeo. Veloz ascenso, vertiginoso picado, lento planeo.


-¿Qué hacéis? ¡Sois libres! ¡Romped esa monótona sintonía de vuelos!- Les gritó, pero ellas sordas a todo sonido continuaron marcando los compases de su trayectoria. Ascenso, picado, planeo. Ascenso, picado, planeo. Ascenso, picado, planeo.


El pajarillo, triste, quedó mirando hacia el azul cielo, viendo el dibujo de las blancas nubes, enormes bolas de algodón, suspendidas libremente en el cielo. Las contempló fijamente, una tras otra, otra tras una, una tras otra, otra tras una...


De pronto, el sol filtró sus rayos entre las nubes...


El pajarillo dibujó una sonrisa sobre su triste pico. ¿Era cierto lo que estaba viendo? ¡Claro que sí! Aquello tampoco era la libertad, ahora lo veía claro, esos barrotes de oro sobre el azul muro descubrían la más grande prisión nunca vista por sus diminutos ojos.


Feliz, volvió la mirada hacia su jaula. Emprendió un veloz vuelo hasta posarse en su columpio. Con la mirada alegre, se hizo consciente de su verdad y desde su centro aprendió que la libertad sólo se vive cuando existe dentro de ti.